martes, 15 de octubre de 2013

El viejo y el mar

EL VIEJO Y EL MAR
En las costas del pacífico se encontraba un viejo, un señor ya grande de edad, el cual se dedicaba a la pesca, él era muy pobre, vivía en un cuarto muy pequeño de piso de tierra etc. El viejo tenía un ayudante, un muchacho el cual era joven se llamaba Santiago, el cual se ofrecía a ayudarle al viejo. El viejo llevaba 84 días sin pescar ni un solo pez. El viejo de tez morena, con manchas en la piel y creo que con cáncer de piel, pero con unos ojos del color del mar los cuales reflejaban alegría y nunca derrota. Santiago amaba al viejo, él lo había enseñado a pescar, pero como el viejo ya tenía mucho tiempo sin pescar nada, los padres del joven lo habían obligado a irse a otro bote, el cual tuviera más suerte con la pesca.
El muchacho un día fue  ver al viejo, lo invito a tomar unas cervezas y a platicar de cómo le había ido al viejo estos últimos días. Santiago notó que el viejo no había pescado nada en los últimos días, así que le dijo que le iba a traer unas sardinas bien frescas. Santiago era muy bueno con él ya que lo había llevado con él desde los 5 años.
El viejo le dijo que iría a pescar mañana el dia 85, el dia según de buena suerte, el cual era un buen día para pescar un gran pez. A demás estaban en el mes de septiembre y se decía que era el mes de los grandes peces.
El muchacho se fue a conseguir comida, se había quedado un buen rato y se había dado cuenta de que el viejo no tenia y ni había comido, por ello salió a conseguir lo tal; cuando regreso el viejo se encontraba dormido, en una tipo hamaca, con el periódico en la rodilla, el muchacho lo despertó ya con la comida en la mano: arroz frijoles, caldo. En la cena el viejo le dijo que él había sido un tipo marinero de esos que navegan por todo el mundo y que se había visitado las costas de África y sus playas con leones.
 En la mañana siguiente el viejo salió muy temprano antes de que amaneciera, para ir más lejos de lo acostumbrado para poder pescar algo muy grane, el muchacho lo acompaño a su bote, para que no se sintiera tan solo, tomaron unas tazas de café, pues sabían que era lo único que tomarían todo el día.
El viejo se adentró en el mar, sus fuertes brazos empujaban los remos los cuales empujaba al bote cada vez más adentro del mar.
Una cosa muy rara del viejo es que nunca dijo “el mar” si no decía “LA MAR” como si fuera mujer, decía que el mar era alguien muy especial, el cual nos proporcionaba comida, y que los desastres que causaba no podía o más bien no era por su voluntad o porque quisiera hacerles daño, sino porque no los podía controlar.
El viejo amaba a las grandes tortugas, a los careyes por su elegancia, rapidez y su gran valor.
Todos los días bebía una taza de aceite de hígado de bacalao, del gran tonel que estaba en la barraca donde muchos pescadores guardaban sus avíos. El aceite estaba allí para el que lo quisiera, pero el sabor era muy desagradable.

En eso un pájaro de esos que se sumergen en el agua para sacar peces, merodeaba arriba del bote del viejo, lo cual indicaba que tenía que haber peces allí, de pronto picó algo en el anzuelo, empezó a zangolotear el hilo de la caña, el viejo con toda su experiencia de por medio, empezó a recuperar la cuerda para ver lo que había atrapado, pudo ver el lomo azul y los costados de color oro del pez, un pez de como unos 5kg calculo él. El cual usaría como carnada. En eso el viejo empezó a hablar solo, y según el empezaba a quedar loco.